El examen infinito (de nuestro trabajo)

20 de marzo de 2017

autónomo formacion procesos y aprendizaje marca personal huelva branding

#citaciega

“…se prestaba a todo,

así que salía barato, así llevaba años…”

 Artistas, Fátima M. Roldán

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Hace unos meses, una persona que gestiona formación me comentaba que aquellos formadores y formadoras que trabajaban con ellos sabían las condiciones de inicio, que no se les engañaba, había unas condiciones cerradas, un precio/hora cerrado y que las reglas estaban definidas. Si querían trabajar con ellos, eso era lo que había.

Claro, que esas condiciones eran (son) las mismas hicieras lo que hicieras, invirtieras el trabajo que invirtieras, mucho o poco, o incluso proporcionaras el material que proporcionaras por tu cuenta y riesgo. Y lo más controvertido, tuviera el trabajo la naturaleza que tuviera (que en este caso, no siempre es la misma y tiene un alcance importante a la hora de diseñar y programar la intervención).

En cierto modo esa persona tenía razón. La gente siempre tiene la última palabra a la hora de elegir el trabajo o no. Si lo quieres y sabes las condiciones, de poco sirve quejarse si terminas aceptando…

…por otro lado, la anterior exposición de intenciones se denotaba una posición de fuerza de la parte contratante, fuerza que podría interpretarse como “yo tengo la pasta”, “yo soy dueño de tu trabajo”, o incluso “deberías de sentirte un privilegiado por trabajar con nosotros (y además hay miles como tú deseando hacer esto)”

…a mí los silencios me salen muy bien, aunque los que me conocen dicen que en los gestos se me nota todo, así que recuerdo que en aquel momento hice un silencio intencionado tratando de pensar en otra cosa para que no se me levantara… el gesto o la contestación inadecuada, [y es que con los cables cruzados, el ingenio se puede convertir en cinismo y eso no es buena cosa].

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Dándolo todo

La cuestión es que te paguen lo que te paguen, una vez dentro, estás a examen.

Una de las cosas que tiene contratar a autónomos para determinados trabajos es que cuando termina la obra o servicio, si no estás satisfecho, tan solo tienes que no volverlo a llamar, y listo. Sin compromiso. Desde este supuesto, se abren varios caminos…

…puedes encontrarte con un servicio prestado que no es de tu agrado, que ha sido mal ejecutado, que ofrece otra cosa distinta de lo que dijo, o que adolece de profesionalidad, con lo cual tiene bastante sentido que no se vuelva a llamar a esa persona. Lógico.

…también puedes encontrarte con un servicio bien prestado, que se ajusta a tus necesidades, que cumple tus expectativas y que te soluciona el problema o la necesidad que tuvieras. Olé. Esa persona es un crack, y no solo la volverías a llamar, sino que te conviertes en su mejor prescriptor.

…incluso puede darse el caso de un servicio que aún siendo bien prestado, o prestado decentemente, no ha generado la transformación que se esperaba, al tiempo que se esperaba. Esto pasa mucho en el área en el que yo trabajo, en la formación… en la que en muchas ocasiones te dan tres, cuatro o seis horas para “cambiar el mundo”… y además, generar conciencia.

…el tema es que una vez dentro, estás a examen. Te examinarán implacablemente tus modos y tus maneras, el fondo y la forma, las habilidades técnicas y las sociales…

…es cuando tienes que darlo todo. Te paguen lo que paguen, hayas pactado las condiciones que hayas pactado. Ya estás en modo ‘ejecución’ y tu profesionalidad está a juicio. Da igual lo mucho o lo poco profesionales que sean los observadores. Te miran, porque para eso están pagando, o al menos, están siendo destinatarios de tus servicios.

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El foco

En ese momento, lo mejor es mantener el foco en lo que haces. Todo el tiempo que puedas. En nombre de tu profesionalidad, y en el mejor de los casos, en el de tu pasión, el de tu marca personal y en el nombre toda la movida que tú te generes para darle valor a tu propuesta profesional.

Pero…

¿Sabéis lo que suele ocurrir?… que las embestidas de la realidad nos van encajando en  nuestro sitio, a nosotros, y a nuestras intenciones, nuestros valores, nuestro proyecto y a nuestra pasión… a pesar de nuestros esfuerzos en mantenernos enfocados… verás…

…si las condiciones previas (precio, horario, objeto del trabajo, modo del desempeño, gastos,… o incluso tu sensación de justicia) no están alineadas con la realidad del encargo y el valor que le damos a nuestras competencias… al final el huevo se rompe…

…y al romperse el huevo, cuando en el propio desempeño de nuestro trabajo empiecen a aparecer las incidencias naturales, el gasto extra de energía que tienes que emplear para bordear algún obstáculo, y todo lo impredecible se vuelva carne,… la motivación se invertirá… las molestias nos vampirizarán las iniciativas y todo esto nos apartará de ese foco que es el único que nos puede salvar la profesionalidad (que no las ganas, la cartera o la dignidad en el peor de los casos).

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Evaluación continua

El examen infinito al que nos vemos sometidos los autónomos es bastante cansino y agotador.

Es verdad que llega un momento, cuando tienes tu proyecto claro, en el que desde la honestidad, prefieres atender al cliente de la forma más óptima posible, y olvidarte de ese examen… que estar pendiente de dejar la puerta abierta a un próximo encargo (algo bastante absurdo y una distracción en ocasiones mortal de necesidad) …de lo contrario, te conviertes en presa fácil para acabar sometido a casi cualquier condición que te escriban.

Por otro lado, es curioso cómo ese examen se hace de distinta manera según lo haga una empresa privada, una institución pública, un proyecto que pregona sus valores, o incluso otro autónomo (este caso roza una crueldad cínica cuando ese autónomo se dedica a temas como el desarrollo profesional y tal…).

Creo que una cosa es dar a conocer tu trabajo. Colaborar desinteresadamente en determinados momentos con determinadas iniciativas (algo que forma parte de muchos de nosotros y que no vamos a cambiar jamás, y lo seguiremos haciendo porque nos nutre, nos desarrolla y nos encanta). O incluso dar una muestra de lo que sabes hacer….

…y otra muy distinta es morder el anzuelo de esa creencia que nos pone en modo “tengo que demostrar que yo lo valgo y por eso lo cojo, a pesar de que las condiciones sean una mierda”, “esto servirá para darme a conocer o generar visibilidad”, de una manera RECURRENTE….

…UNA Y OTRA VEZ…. otra vez demostrando, dándote a conocer, demostrando, dándote a conocer, demostrando, dándote a conocer… y algunos listos encantados con tu iniciativa, en la que darás lo mejor de ti, por barata, accesible y “generosa”.

…me decía mi padre que “más vale una cara colorada, que cien amarillas”. Tomo nota. Voy tomando nota. Sobre todo en un mundo en el que nos cuesta decir que sí, o decir que no, por miedo a exponernos a una pérdida mayor… a un desprestigio, a un mal comentario, o a una negativa que nos marque profesionalmente la trayectoria… y la cartera.

…hablar claro, al principio es fundamental. Y si no sientes que ambas partes ganan, la otra y tú mismo, algo falla. Algo que terminará mostrando su peor cara más pronto que tarde, algo que si se hace recurrente terminará ahogándote la motivación y los recursos propios.

Al principio, antes de nada, por muy atractiva que te parezca la propuesta, para. Enfría. Y aborda con la otra parte ¿Qué esperas de mí?, ¿Qué espero de ti?, ¿Qué condiciones se establecen?, ¿Facilitan esas condiciones la satisfacción de las necesidades mutuas?, ¿Con qué recursos contamos?, ¿Cómo sabremos que hemos alcanzado el objetivo?, ¿Cuáles serán las consecuencias en uno u otro caso?

No nos vedemos a nosotros mismos, vendemos lo que hacemos. Lo gratis mata. Lo mal pagado ahoga, destruye y esclaviza. No nos pagan por lo que hacemos, nos pagan por lo que sabemos.

Que la empatía sea simétrica, bidireccional.

Por cierto, todo esto no tiene por qué ocurrir solo cuando trabajas por cuenta propia.

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Procesos y Aprendizaje

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Imagen de maxlkt, vía Pixabay 

 

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