Marca Personal en las empresas (a pesar de las circunstancias)

18 de mayo de 2017

tormenta en la marca personal branding formacion coaching david barreda carrillo

#citaciega

“…se hizo un canuto delante de todo el mundo,

a pesar de que no eran horas…”

 Soy una punk, de Fátima M. Roldán

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Creo que no hay mayor mérito profesional que gestionar tu Marca Personal en entornos no favorables. Cuando todo va bien solo tienes que ser tú mismo, algo que consiste simplemente en responder antes las cosas como crees que tienes que responder, y dejarte llevar por los hábitos que te definen. Listo.

Por el contrario, cuando las cosas no van bien (o percibes que no van bien), los conflictos se constituyen en elementos naturales de nuestros contextos y eso tiene sus repercusiones en el ejercicio de nuestra estrategia profesional. Por ejemplo, estar en desempleo y mantener al mismo tiempo el pulso de tu profesionalidad a veces es complejo, sobre todo emocionalmente, y eso además de repercutir en tu estado de ánimo también tiene un impacto en la calidad de tus iniciativas y acciones.

También puede ocurrir que estés trabajando en una empresa u organización que bien no es capaz, (o ¿no sabe?), generar el contexto adecuado para que puedas desarrollar tu ejercicio profesional óptimamente….

…y aquí, amigos, tenemos un gran reto…

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La percepción del valor

Entiendo que estamos en un contexto de trabajo favorable de trabajo cuando una empresa u organización genera valor en el trabajador, algo que facilitará que el trabajo se desarrolle, que se obtengan los resultados pretendidos, y que el trabajador se capitalice emocional y técnicamente. Es cuando el proyecto tiene sentido, en todos los sentidos.

Francisco Yuste, en su libro “Herramientas de Coaching Ejecutivo” define muy bien la Fórmula de la Percepción del Valor. Y es que, no siempre, todo el mundo le da el mismo valor a las mismas cosas… y menos, en lo laboral, donde la técnica, el esfuerzo, la remuneración, la vida y los propósitos se entremezclan subjetivamente.

La Fórmula de la Percepción del Valor nos indica que debería existir un balance positivo entre la remuneración que el trabajador recibe y las incomodidades que pudiera soportar (horarios, esfuerzo físico o mental, responsabilidad, decisiones, desplazamientos, etc.). Y es que, por mucho que nos guste nuestro trabajo, si no nos sentimos adecuadamente remunerados por la inversión que realizamos esta molestia se terminará convirtiendo en un problema, y en el peor de los casos en un conflicto.

Al mismo tiempo que lo anterior, también tendría que darse un saldo positivo entre la tarea que se realiza y las inseguridades o incertidumbres soportadas por la realización de la misma. Esto es, las situaciones complicadas, la técnica que tengamos que emplear, los retos diarios, etc. deberían estar en función de la tarea desempeñada, ya que si terminamos sintiendo que “no merece la pena lo que hago, por lo mucho que me cuesta hacerlo” la percepción del valor de nuestro trabajo estará claramente a la baja.

Hay que apuntar con respecto a lo anterior, que el proyecto multiplica la tarea, es decir, si el trabajador siente que está participando de un proyecto que merece la pena, entonces, la tarea tendrá más sentido y se estará dispuesto a soportar un índice mayor incertidumbre. Esto es, pensamos que lo que hacemos (aunque sea duro) merece la pena.

En resumen: salario/incomodidades + (tarea x proyecto)/inseguridades.

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Valor al trabajador

Así, la empresa da valor al trabajador cuando hay una compensación ajustada a la realidad del trabajo, en cantidad, tiempo y forma; y cuando la tarea tiene sentido porque contribuye a un proyecto, y esa realización bien merece la pena a pesar de las inseguridades que se tuvieran que soportar. Es cuando TODO merece la pena.

Es cierto que todo lo anterior son variables que entran en juego, y que habrá que estar a cada caso concreto para ver como la persona o la empresa vive los desajustes en uno u otro sentido, y si unos y otros se dan el crédito emocional necesario cuando estos desajustes operan.

No menos cierto es que ese crédito del que hablo no es infinito, y que la gestión del mismo es necesaria y delicada.

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Cuando las circunstancias te engullen…

Cuando todo lo anterior cuadra, mantener tu Marca Personal es sencillo, como decía al principio. Sientes que tienes todos los recursos que necesitas para trabajar, que tienes retorno económico y emocional de lo que haces, así que tienes el contexto adecuado para poner en marcha tu propuesta de valor.

…ahora bien, cuando existe algún desajuste y bien sientes que no obtienes el retorno salarial suficiente… o por mucho que te paguen tu esfuerzo no merece la pena… entonces, corremos un riesgo alto de que nuestra propuesta de valor como trabajadores se vea empañada por: una reacción no adecuada ante estas circunstancias, un descenso intencionado de la calidad en nuestro desempeño, o lo peor de todo, que ese descenso de nuestro desempeño sea inconsciente y no nos demos cuenta de que nos estamos apagando…

Ahora, en este punto, podrás decirme que qué se puede esperar de una “empresa que no cumple” y que “…pienso levantar el pie del acelerador hasta que la cosa no cambie… o encuentre algo mejor…”, vale…

…pero oye, míralo con perspectiva, porque esta situación es muy jodida… sobre todo para ti… y no solo porque no te sientas remunerado o lo estés pasando fatal…

…es jodida para ti sobre todo porque estás condicionando tu profesionalidad a unas circunstancias desfavorables. O dicho de otra forma, el contexto laboral en el que estás es tan jodido que ha penetrado en tu profesionalidad, la ha contaminado, la ha engullido y la ha transformado en algo tan negativo como ese escenario desfavorable en el que habitas…

…las circunstancias te han engullido, y han escupido tu peor versión profesional.

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No es fácil…

…no es imposible…

…pero resulta una locura reaccionar a las circunstancias en vez de responder a ellas, porque las reacciones son automáticas y viscerales, no elegidas y no pensadas, y las respuestas, por contra, son el resultado de nuestra habilidad de responder ante un contexto no favorable… algo que nos permitirá salvaguardar nuestra profesionalidad y con ella nuestra propuesta de valor.

Por un lado, considero que hay algo innegociable, y que precisamente forma parte del patrimonio de cada uno de nosotros: nuestra profesionalidad. Algo que no se debería usar como estrategia de castigo en ningún momento, ya que la factura que tengamos que pagar posteriormente puede acompañarnos toda la vida.

Por otro lado, tampoco creo que haya que plegarse a las circunstancias, ya que en nombre de nuestra propia profesionalidad no pueden sostenerse situaciones que creemos injustas (al menos para nosotros).

…y entre lo uno y lo otro está el reto. Habrá que valorar la posibilidad de continuar o no continuar, el margen de maniobra que puedas tener en ese sentido, o incluso si quieres seguir apostando por un determinado proyecto, y todo ello de manera explícita y consciente contigo mismo… ahora bien, mientras sigamos, nuestra propuesta de valor profesional como trabajadores (por cuenta propia o ajena) es sagrada (o debería serlo) …

…por ello, tengamos más o menos margen de maniobra para afrontar este dilema, me resulta esencial e imprescindible tener un proyecto profesional propio, un proyecto que trascienda más allá del lugar en el que estés prestando tus servicios y te acompañe donde quiera que vayas, donde quiera que estés… algo que le dé sentido y propósito a las tareas y servicios que conforman tu profesionalidad… y es que esto, si bien no te ensanchará el margen de maniobra que tengas para responder a esta situación, sin duda, te ayudará y te mantendrá firme ante las decisiones que tomes.

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