Tu vida no va a cambiar en un taller formativo

02 de marzo de 2017

david barreda carrillo formación y marca personal branding coaching huelva

#citaciega

“…estudiaba mucho, todo el día encerrada,

pero nada cambiaba…”

 La estudiante impaciente, Fátima M. Roldán

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Tu vida no la cambias en un taller o una formación. En un taller o una formación puedes dinamizar tu pensamiento, adquirir nuevos conocimientos, entrenar nuevas habilidades, desarrollar el principio de lo que pueden ser el día de mañana unas buenas actitudes. Pero no te engañes, tu vida no se transforma en un taller, ni en una formación, ni en ningún programa aprendizaje colectivo.

…y que vaya por delante que yo me gano la vida impartiendo talleres y formaciones.

Quizás, en el mejor de los casos, puedes tener un chispazo (o siendo muy exagerados una ‘revelación’), que te puede durar más o menos… pero colega, que no se te vaya la olla… tus objetivos no los consigues asistiendo a un curso (salvo que el objetivo sea asistir al curso, claro).

…y es que, para transformaciones sólidas y perdurables, no hay curso ni taller posible… y quien así te lo venda, te estará vendiendo el oro de los tontos.

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El efecto luna de miel

En el libro ‘El líder resonante crea más’, Goleman, Boyatzis y McKee hablaban del Efecto Luna de Miel.

Este efecto suele afectar a casi todos los procesos de formación, y “supone el desvanecimiento de la mejora inmediata al cabo de un periodo que varía entre los tres y los seis meses” después de terminar la formación. Vamos, que lo que aprendes en un curso o taller tiene fecha de caducidad, salvo que se interiorice (lo que ocurre rara vez, por no decir casi nunca, lo siento, soy así de aguafiestas…).

El efecto se desarrolla de la siguiente manera: alguien hace una formación, viene motivada, entusiasmada, renovada… y nada más incorporarse a su rutina se le vienen encima los “tengo qué” del día a día… correos por contestar, las cosas que hay que hacer, llamadas por atender, demandas de clientes, colaboradores y/o superiores, demandas personales… situaciones urgentes y obligaciones irremediables que nos hacen caer en los hábitos de siempre…

…vamos, que lo que vemos en las capacitaciones en muchas ocasiones se parece más a los propósitos de año nuevo que a una transformación real de las competencias propias.

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Soluciones rápidas

Me comentaba una persona hace unos meses sus propósitos y objetivos, preguntándome, si conocía algún curso que le pudiera facilitar la consecución de los mismos.

No, no conocía ningún curso que le pudiera apoyar en su propósito… más aún, cuando su meta era una ‘meta de desarrollo’ (esto es, la que se basa en adquirir una serie de hábitos para mejorar una destreza, una actitud o incluso alcanzar un posicionamiento determinado de la Marca Personal, estas metas no tienen final, e implican un trabajo continuado… un paso a paso que nunca acaba).

Vamos… que no existen, o al menos yo no conozco proceso formativo alguno que después del mismo, al salir, te haga mejor persona, mejor profesional o te convierta en referencia de tu sector.

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Soluciones efectivas

¿Entonces la formación no sirve para nada?…. no exageremos, que yo me gano la vida con esto…

La formación sirve, cuando sirve. Cuando se ha diseñado con un objetivo ajustado a la demanda de quienes la reciben, considerando: los conocimientos que esa persona necesita, las habilidades que tendrá que desarrollar después de la formación y las actitudes que identificarán el ‘buen hacer’ de esa persona. Sin objetivos honestos y bien redactados, no hay cimientos sólidos.

Por otro lado, es esencial la motivación de fondo en la que se apoye el proceso formativo. Esto es, los motivos que esa persona tenga y si esos motivos tienen la potencia suficiente para transcender fuera del aula. Esto es muy personal, y es un lugar al que no van a llegar ni los jefes, ni los departamentos de Recursos Humanos, ni si quiera el formador… que sí es cierto que podrán contribuir a despertarla y removerla… pero no nos engañemos, lo que ocurre en el fuero interno de cada uno es propio de cada uno, y ahí no caben las injerencias. Es todo un arte automotivarse en este sentido, o generar los motivos suficientes en los demás.

En cuanto a la perdurabilidad, es esencial el cómo vives el proceso, cómo te sientes durante el proceso formativo. Se aprende lo que se vive, de una forma u otra, y lo que luego replicas fuera del aula. Es lo que activa la parte más emocional que, en definitiva, es la que facilita el aprendizaje.

Cuando hablo de que la parte emocional es la que activa el aprendizaje, no me refiero a que te eches a llorar con cada cosa que aprendas, o la sobredimensiones… que hay gente muy dada a esto, me refiero sencillamente a que lo que se aprenda sea significativo y relevante para la persona en alguna de las competencias que necesita desarrollar.

…y por último, la formación que facilite la generación de nuevos hábitos, será sin duda la formación más efectiva. A ver, ojo, los hábitos los desarrolla la persona (no la formación), paso a paso, día a día, entretejiéndolos entre su rutina, incorporándolos a su repertorio conductual, que ahora se verá enriquecido con ‘nuevas maneras de ser, hacer y conocer’.

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No obstante, todo esto te podrá servir para adquirir determinadas estrategias y herramientas, pero no confundamos las herramientas con las soluciones. Las herramientas, si son útiles, te ayudaran en el proceso, EN TU PROCESO, el que desarrolles más allá de la formación que recibas. El que desarrolles en tus rutinas, en tu día a día… ese día a día que es precisamente el que tratas de transformar.

No es una formación, lo que muchas veces necesitamos, es un proceso… un proceso que puedes elegir hacerlo solo o acompañado, pero un proceso en definitiva será lo que realmente te puede cambiar la vida y tus desempeños.

[No confundas las herramientas, con las soluciones]

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