Y ahora… ¿qué hago con mi red de contactos?

14 de enero de 2016

rollos de cuerda

Cada día tengo más asumido que las oportunidades (las personales, profesionales o del tipo que sean) nos esperan más veces detrás de las personas que detrás de algún título, de alguna herramienta (llámese CV, plataforma virtual,…) o detrás de cualquier oferta con la que nos topemos.

Podemos llevarnos horas exponiendo los argumentos que soportan las quejas sobre los muchos CV mandados sin respuesta, sobre las más de 20.000 leguas de estéril viaje internáutico navegadas, de los muchos o pocos contactos profesionales que hayamos cazado sin reacción alguna, de los portazos recibidos cuando hemos ido a presentarnos profesionalmente al sitio donde (se supone que) quiero trabajar, de lo mucho que he afinado mi presentación profesional para explicar claramente qué es lo que sé hacer… y de lo poco que pasa y lo mucho que nos pesa todo esto, de que todo esto es necesario, pero bien sabemos que no es suficiente

…y nos dicen que la clave está en los contactos, nos hablan de lo fácil que lo tenemos para contactar hoy en día con casi quien queramos, así que nos esforzamos en ello, e incrementamos la red de contactos interesantes, y caemos de bruces en lo poco que sigue pasando, a pesar de todo… pero bueno, sigo tejiendo mi red, y la contacto y en algún caso la visito… y termino la ronda…

Y ahora… ¿qué hago con mi red de contactos?

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La Inteligencia Social

Leía en un capítulo escrito por las profesoras Elena Gaviria Stewart e Itziar Fernández Sedano del manual de Introducción a la Psicología Social (Ed. Sanz y Torres), una interesante explicación de por qué nuestro cerebro ha evolucionado de la forma que lo ha hecho. Y es que, zonas de nuestro cerebro como el neocórtex (la que gestiona las funciones cognitivas complejas), tienen un desarrollo significativamente mayor que en otras especies.

Si bien la hipótesis de la Inteligencia Ecológica argumenta que el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas se debe a la necesidad de nuestros antepasados de resolver cuestiones técnicas sobre cómo encontrar los alimentos adecuados, cómo cazar a otros animales o cómo defenderse de los peligros, parece que fue nuestra Inteligencia Social la que marcó la diferencia.

La hipótesis de la Inteligencia Social mantiene que lo que agrandó y desarrolló nuestra inteligencia fue dar con la solución a los problemas sociales con los que lidiaron nuestros antepasados. Sólo en grupo, los individuos podían generar la tecnología necesaria para sobrevivir, teniendo que mantenerse necesariamente unidos si querían tener más probabilidades de llegar al día siguiente. O generaban unos mapas mentales efectivos para relacionarse con los demás y organizar adecuadamente al grupo, o tenían los días contados.

Fue el antropólogo británico Robin Dunbar quién despejó la incógnita sobre cuál de las dos inteligencias tuvo más peso en el desarrollo de nuestro cerebro.

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Más contactos, no necesariamente mejor

Dunbar, encontró que había una relación significativa entre el tamaño del neocórtex y el tamaño del grupo en el que vivían los invididuos y la complejidad de sus relaciones sociales. Esto es lo que se conoce como hipótesis del cerebro social. Esta hipótesis viene a decir que el volumen de nuestra corteza cerebral marca el límite de nuestra capacidad para procesar información, incluyendo también el límite del número de relaciones que podemos manejar simultáneamente.

Vamos, que no tenemos estructura biológica para relacionarnos de manera efectiva y sostenida con todas las personas con las que nos cruzamos a lo largo de nuestra vida, generando alianzas o cooperarando con todas para llevar a cabo proyectos conjuntos.

Precisamente el “Número de Dunbar” se refiere a la cantidad de personas con las que podemos mantener simultáneamente una relación significativa, y que se estima en 150 individuos teniendo en cuenta el tamaño de nuestro neocórtex y su capacidad de procesamiento. [Lo mismo si eres un poco cabezón llegas a 170 -lo siento, no he podido evitar la coña...]

Ahora estaría genial hacer el ejercicio de contar cuántos contactos tenemos a día de hoy sumando los de nuestra agenda de teléfono, Linkedin, Facebook, Twitter, Instagram, etc. y los que están fuera de las redes virtuales… y preguntarnos sobre nuestra satisfacción a la hora de gestionar y OPTIMIZAR nuestros contactos, sobre qué estamos aportando, qué nos está aportando nuestra red y fundamentalmente sobre la calidad las relaciones que conseguimos establecer.

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Convertir los contactos en relaciones

Lo bueno de las redes sociales es que nos permite ampliar nuestra red de contactos, esto es fantástico (y también una obviedad). Lo malo es que lo hace demasiado fácil (sin abrir la boca y a golpe de ratón) y nos acomodamos a estas maneras, mermando con el tiempo nuestro esfuerzo por convertir nuestros contactos en relaciones, encajándonos en una ilusión social en la que si bien tenemos más contactos que nunca, no necesariamente hemos mejorado nuestras relaciones.

No sé hasta qué punto esto nos está atontando o confundiendo.

Si no convertimos nuestra “red de contactos” en una “red de relaciones”, nunca sabremos del todo el potencial que se esconde en nuestras conexiones, ni lo que somos capaces de generar con nuestras competencias sociales puestas en marcha en relación con los demás y sobre todo de manera desvirtualizada.

Es todo un reto. Y ojo, porque se requiere más creatividad y madurez social para hacer esto en la vida real que en internet. Siendo mucho más efectivo hacerlo en la vida real, cara a cara, mano contra mano, que de manera virtual. Sin duda. De ahí el peligro de oxidar nuestras compencias sociales, con la consiguiente pérdida de creatividad, iniciativa o capacidad de generar conversaciones y relaciones directas y reales.

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Entonces, ¿Qué hago?: Conocer y Re-conocer

Volver al planeta tierra, sin duda. Y si ya hemos dado unas cuantas vueltas al planeta tierra, sin muchos resultados, repasar si somos más de “contactos” o de “relaciones”. A los contactos que ya tenemos: CONOCERLOS, y a los que ya conocemos: RE-CONOCERLOS

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  • Tomando conciencia de cuáles son mis contactos de referencia. Piensa qué contactos te gustaría transformar en relaciones, qué grupo de relaciones son las que quieres generar. Cuál será el propósito de esas relaciones, qué quieres poner en valor a través de la otra persona, qué quiero ofrecer, recuerda que las relaciones basadas en intereses individuales están condenadas al fracaso y son una fuente de problemas.

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  • Comprendiendo, conociendo, entendiendo a las personas con las que quiero establecer relaciones, saber cómo es su contexto, su realidad, su medio… esto me acercará a esas personas. Lo contrario, esperar que me entiendan a mí, cuando soy yo quien toma la iniciativa no tiene mucho sentido.

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  • Escuchando en qué son competentes y eficaces, qué puedo aprender de esas personas, qué están dispuestos a enseñarme, qué hacen para conseguir lo que tienen y cuál es la mejor manera de preguntárselo, de generar ese tipo de conversaciones que te permiten acercarte al valor que los demás aportan (mucho mejor que estar obsesivamente empeñado en arrojarle a la cara el valor que tú le puedes generar).

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  • Mostrando interés por sus necesidades y sus retos, por sus itinerarios, su desarrollo, sus inquietudes y sus objetivos.

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  • Dando seguridad con nuestras conductas y actitudes, porque solo cuando damos seguridad generamos confianza, y la confianza es la madre de la autoconfianza, y la confianza genera autopistas anchas para compartir experiencias, aprendizajes y oportunidades…, y sí, esto tiene que ver con la capacidad de transmitir a la otra persona que somos lo que está viendo, y la conexión entre lo que “siento + pienso + digo + hago” es nuestro eje principal.

No hay trucos, es cuestión de trabajo y de ponerse a ello. No esperes que te abran la puerta a la primera, gánate el derecho a esa conversación. Tampoco hay garantía de resultados, pero lo que sí hay es MUCHO QUE GANAR y nada que perder. No es la cantidad, es la calidad. El secreto está en la conversación, en el arte de la conversación. Probablemente no te resulte fácil, pero bien sabes que no es imposible.

…por cierto, no he encontrado mejor vídeo para esta entrada… ¡qué chulada de letra y de coreografía!

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Procesos y Aprendizaje

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Y ahora… ¿qué hago con mi red de contactos?

Foto de cabecera de PDPics vía pixabay.com

8 Respuestas a “Y ahora… ¿qué hago con mi red de contactos?”

  1. Francesc Segarra Responder

    Me encanta cambia el concepto de cambiar “Red de contactos” por “Red de relaciones”. Creo que nos hemos dejado llevar por la hipérbole de la conexión social a través de internet, dejando de lado la conexión humana a la que estamos “preparados” a atender. Muy interesante tu artículo. Estoy llevando a cabo un experimento de marca personal en el que trabajo en este sentido y me has dado un par de buenas ideas! muchas gracias por el texto. Un abrazo.

  2. Pedro Goni Responder

    Estupendo el artículo David, cambiar el concepto de contactos, por el de relaciones, muy acertado. El problema es que nos estás mandando más trabajo. Si ya nos da pereza entablar contacto, imagínate cuidar relaciones a parte de las que ya tenemos. No nos va a dar tiempo. Tenemos que tener muy claro en quien invertir nuestro tiempo.
    Francesc, tu también por aquí. Qué pequeño es el mundo. Saludos a ambos.

  3. Jaime Planells Responder

    David, magnífico artículo. Me ha gustado mucho. Sintetiza de manera muy clara lo poquito que he aprendido sobre Networking…
    Particularmente me ha encantado la frase… “la confianza genera autopistas anchas para compartir experiencias, aprendizajes y oportunidades…, “..
    Te comienzo a seguir… pero ya!!
    Un abrazo

    • David Barreda Responder

      Gracias Jaime,

      Me alegro mucho que el post te haya resultado útil, para mí también será un placer conectar contigo.

      Un abrazo y nos seguimos!!

      David Barreda

  4. Benito A. de la Morena Carretero Responder

    Apreciado David, al inicio de tu artículo, con eso de la inteligencia ecológica y la inteligencia social, recordé aquello de la importancia de la adaptación al medio en el que nos desenvolvemos y que, para ello, no era preciso aplicar métodos exactos, pues debía priorizarse la lógica, lo intuitivo, algo transcendental en la vida animal, a la que también pertenecemos. Recordaba también cuando mencionas lo del Número Dumbar, que la capacidad de las relaciones personales no son fruto de un modelo matemático, afortunadamente, y que el momento en que tu vida transcurre suele marcar bastante la oportunidad de comunicarte, no es igual la etapa del adolescente, que la del adulto con cinco hijos, no es lo mismo tener compañeros, que conocidos y/o amigos.
    Claro que, esto lo digo con el atrevimiento del profano, por eso prefiero quedarme con ese final brillante, en el que indicas que “la red de contactos debe ser una red de relaciones”.

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